El escenario macroeconómico de Chile enfrenta un desafío de sostenibilidad. Según proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), la deuda bruta del fisco chileno entrará en una zona de riesgo técnico: para el año 2028, esta cifra perforará el umbral del 45% del PIB, nivel definido como el "límite prudente" para la economía nacional.
Para entender la magnitud del reporte del FMI, es necesario observar la evolución histórica de la deuda fiscal en Chile.
Al cierre de 2025 estaba en 41,7%, según la información preliminar de la Dirección de Presupuestos (Dipres).
Fuente: El Mercurio - Fondo Monetario Internacional (FMI)
El concepto de "límite prudente" no es arbitrario.
El Consejo Fiscal Autónomo (CFA) lo define como el nivel de deuda que, como porcentaje del PIB, garantiza con alta probabilidad la sostenibilidad de las finanzas públicas en el largo plazo.
Por encima de ese nivel, el servicio de la deuda comienza a complicarse.
Además, las clasificadoras de riesgo internacionales monitorean este indicador de cerca: es uno de los factores más relevantes a la hora de definir el rating soberano de Chile.
Desde 2022, la regla fiscal chilena es dual: combina una meta de balance fiscal con este límite prudencial de deuda bruta.
La clave para entender por qué la deuda podría seguir creciendo está en los déficits:
Esa brecha de 0,8 puntos del PIB parece pequeña, pero en el largo plazo es la diferencia entre estabilizar la deuda o seguir acumulándola.
Un incremento en el ratio deuda/PIB por sobre el 45% eventualmente se podría traducir en tasas de interés más altas para créditos.
En este entorno, las empresas deben priorizar la eficiencia operativa y el uso de herramientas tecnológicas para optimizar sus flujos de caja y mitigar el costo del financiamiento.
Gestionar bien una empresa en ese entorno exige incorporar el riesgo fiscal como una variable más en la planificación financiera.