En marzo de 2026, el gobierno decidió neutralizar el mecanismo MEPCO, liberando de golpe el diferencial acumulado en los precios.
Los datos del INE:
Este no es un ajuste puntual. El Banco Central de Chile proyecta que la inflación se mantendrá en torno al 4% anual durante los próximos trimestres y que recién volvería cerca del 3% hacia el segundo trimestre de 2027.
El combustible no es solo un costo de transporte: es un insumo transversal a toda la cadena productiva.
En Chile, el transporte por camión mueve aproximadamente el 98% de los bienes físicos del país, y la logística ya representa cerca del 18% del valor de un producto (el doble del promedio OCDE).
Cuando el diésel sube un 45,7%, esa presión no desaparece: se traslada.
El problema para las empresas no es solo que sus propios costos suben. Es que el traslado de precios no es inmediato. Existe un desfase entre el aumento del costo y el ajuste en las tarifas o precios al cliente. Durante ese período, la empresa absorbe el diferencial con su propio flujo de caja.
A eso se suma que el Banco Central podría mantener la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 4,5% durante buena parte del año, encareciendo el crédito justo cuando más se necesita capital de trabajo.
El resultado es lo que los economistas llaman la "tormenta perfecta": costos que suben, crédito caro y demanda que se contrae.
El impacto no se limita a quien tiene flota de vehículos. La cadena de efectos es más amplia:
Este contexto exige que las empresas adopten una postura más activa en la gestión financiera. Algunas acciones concretas:
1. Actualizar el flujo de caja con supuestos realistas
Trabajar con proyecciones que incorporen inflación en torno al 4% y un alza sostenida en costos logísticos. Construir al menos dos escenarios: uno base y uno de estrés (por ejemplo, retraso de 30 días en el pago de los principales clientes).
2. Revisar los contratos con clientes y proveedores
Identificar qué contratos tienen cláusulas de reajuste y cuáles no. En contextos inflacionarios, operar con precios fijos durante períodos largos puede erosionar márgenes sin que el equipo lo note hasta que es tarde.
3. Anticipar la negociación con proveedores
Antes de que llegue el ajuste de precios, es mejor abrir la conversación. Negociar plazos más largos de pago o volúmenes garantizados a cambio de precio estable puede dar cierta predictibilidad.
4. Diversificar las fuentes de financiamiento de capital de trabajo
Con la TPM en 4,5%, el crédito bancario tradicional es caro. Herramientas como el factoring, el confirming o el adelanto de facturas pueden ser alternativas más ágiles y menos costosas para sostener el ciclo operacional.
5. Revisar la política de inventarios
En un contexto donde los precios suben mes a mes, mantener niveles de inventario de insumos clave puede ser una forma de protegerse del alza futura. Sin embargo, esto requiere evaluar el costo de almacenamiento y el riesgo de sobre-stock.
El Banco Central redujo su proyección de crecimiento del PIB para 2026, pasando del rango 2%–3% estimado en diciembre al 1,5%–2,5%.
El Imacec de marzo ya cerró con una caída del 0,1%, completando tres meses consecutivos a la baja.
El escenario combina inflación elevada con desaceleración económica. En ese contexto, las empresas que lleguen en mejor forma son las que ya tomaron medidas preventivas en su gestión de caja.
La planificación financiera deja de ser un ejercicio administrativo para convertirse en una ventaja competitiva real.